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Etiqueta: Grasas


Nuestros ritmos naturales

martes, 14 noviembre, 2017

Hemos venido comentando en los post anteriores la importancia de una buena alimentación, hidratación y evacuación. Pero una de las cosas que no se mencionan, o mejor dicho, muy pocos profesionales de la salud conocen o vagamente le dan importancia, es el respetar nuestros ritmos naturales para comer, hacer ejercicio, descansar, etc. Los seres humanos son diurnos, es decir, funcionan de día, con el sol. Siendo esto algo tan evidente, precisamente es una clave sumamente importante para la salud.

Con el amanecer, comienza la puesta en marcha del cuerpo y la mente. A mediodía, el sol está en su punto más alto y más caliente, normalmente es cuando más hambre tenemos. Con la puesta de sol, todas las funciones biológicas y mentales comienzan el proceso de ralentizado para garantizar el descanso. Tal como va el día, funciona nuestro cuerpo. Podemos verlo en muchos animales, así como también en las plantas.

Como cualquier otra máquina, el cuerpo humano necesita una fase de arranque y preparación. Las primeras horas de la mañana son especialmente delicadas pues el cuerpo viene de un reposo que de ser fructífero, le ha permitido asimilar, desintoxicar y regenerar. Sin embargo, por nuestro estilo de vida actual, muchos desde temprano ya estamos exigiendo al cuerpo cosas que no son las que necesita a esas horas o estimulándolo para que dé de sí más de lo que en esos momentos puede dar.

Algunas personas al levantarse despiertan con mucho apetito, otras solo por costumbre o hábito comen en automático. ¿Alguna vez te has levantado sin hambre? ¿Encuentras difícil comer a primera hora de la mañana? ¿Te ves obligado a desayunar porque todos los “expertos” te dicen que es la comida más importante del día a pesar de que a tu cuerpo no le entra ni agua?

Escuchar al cuerpo es importante como venimos insistiendo. Si al levantarte ya tienes hambre come, pero siempre que puedas dale cosas ligeras para permitirle al cuerpo terminar de despertarse, ponerse en marcha y prepararse para las comidas más pesada que le darás luego, así como todas las tareas que realizamos durante el día. Cuando hay hambre por las mañanas, comer fruta es una de las mejores decisiones que podemos tomar.

La fruta bien madura es un alimento ligero y delicioso. Este permite al cuerpo seguir en su trabajo de “arranque” de manera más suave y lo deja prepararse para los demás procesos. Contribuye a una evacuación con mayor facilidad y además, si comemos la suficiente, nos permite mantenernos más satisfechos, con menos ansiedad, más claridad mental e hidratados durante el día.

Igualmente por las noches, no es recomendable comer e ir a la cama ya que el cuerpo “desconecta” del proceso de digestión pues es el momento del descanso. Esto hace que pasemos mala noche pues el cuerpo tiene doble trabajo, el digerir y desintoxicar. Además nos despertamos aún más letárgicos, sintiéndonos pesados y en ocasiones nauseabundos.

Comer 2-3 horas antes de ir a la cama es lo mejor, pero en ocasiones nuestro ritmo de vida no nos permite estas condiciones idóneas. Por ello, es mejor darle de la misma manera algo ligero de fácil digestión y que a su vez aplaque nuestra necesidad. Los vegetales y la fruta siempre serán la mejor opción si no cuentas con mucho tiempo para permitir una digestión previa al descanso. Esto te permitirán dormir de maravilla y al día siguiente sentirte mucho más renovado y con más energía.

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Expediente CARNE

viernes, 11 agosto, 2017

Si te gusta estar al tanto de lo último en el área de nutrición, este excelente documental llevado a cabo por investigadores, nutricionistas y científicos alemanes no es más que un grandioso elemento para mantenernos informados de algo tan importante como lo es la salud.

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¿La culpa es de la grasa? Depende…

lunes, 19 junio, 2017

Las grasas, también conocidas como lípidos o ácidos grasos, ayudan a nuestro cuerpo a realizar funciones imprescindibles sobre todo en la parte hormonal. Hoy día nuestra alimentación está dominada por las grasas y no precisamente de las que nos ayudan a mantener nuestra salud.

La asimilación de las grasas es desempeñada por uno de los órganos con más peso en el equilibrio de nuestro cuerpo; el hígado y su compañera la vesícula biliar. Cuando llevamos una alimentación “convencional” nuestra vesícula e hígado, están diariamente lidiando con todos esos alimentos que ingerimos altos en toxinas, en grasas no beneficiosas, calorías vacías (sin nutrientes), etc. Esto genera infinidad de inconvenientes en el cuerpo, ya que sobre todo el hígado, además de ser filtro, también interviene en gran parte de las directrices hormonales. Al desajustarse por la toxicidad y la sobrecarga de trabajo, trae consigo muchas más dificultades en el cuerpo que se van desarrollando en cadena.

Para evitar estos inconvenientes y sus consecuencias es ideal consumir grasas en su forma más natural, es decir, aquellos alimentos que no necesiten de ningún procedimiento químico o tecnológico para extraer “grasa”. Pero no todas las grasas nos benefician, existen alimentos que naturalmente son altos en grasas y nos ocasionan a largo plazo enfermedades cardiovasculares, contribuyen de manera alarmante en enfermedades crónicas o degenerativas y nos hacen sentir pesados e indigestos.

Existen 3 tipos de grasas: las saturadas, insaturadas (mono y poliinsaturadas) y las trans.

  1. Grasas saturadas: estas están presentes en TODOS los alimentos de origen animal y en algunos de origen vegetal como la manteca de cacao, el coco o el cacahuete. Este tipo de grasa eleva los niveles de colesterol LDL (el malo).
  2. Grasas insaturadas: contienen nutrientes esenciales, es decir que el organismo no puede producirlos y necesita obtenerlos a través de la alimentación. Estas pueden ser:
    Monoinsaturadas y Poliinsaturadas: formadas por los Omegas 3, 6 y 9, son las que reducen el colesterol LDL (el malo). Se encuentran en el aceite de oliva (puro y sin filtrar), el aguacate bien maduro, semillas de chia, lino y en la mayoría de los frutos secos. Estas suben el colesterol HDL (el bueno).
  3. Grasas trans: son artificiales, procesadas y tecnológicamente manipuladas, como la margarina, los aceites en general y la manteca vegetal. Son altamente perjudiciales, desequilibran nuestro perfil lipídico y no aportan nutrientes al organismo más allá de simples calorías vacías.

Sabiendo ya los tipos de grasas que están presentes en los alimentos, la idea es siempre orientarse a consumir grasas Monoinsaturadas y Poliinsaturadas pues mantienen los engranajes del cuerpo bien lubricados y en óptimo funcionamiento. Los aceites son falsos amigos sin aporte nutricional, son sólo calorías vacías y en muchos casos ni siquiera provienen de fuentes naturalmente grasas como en el caso del maíz o el famoso “aceite vegetal”.

En la naturaleza, las grasas están en sus formas más “complejas” (tienen fibra y proteínas) NUNCA encontramos alimentos 100% constituidos de grasa. Por ende, recomendamos incluir sobre todo los alimentos de origen vegetal pues no elevan el colesterol LDL (el malo) como todos los frutos secos y las semillas especialmente el cáñamo o el lino y el aguacate. También con un consumo limitado el aceite de oliva comercial y aceite o manteca de coco.

 

Recordemos que una ingesta diaria debe basarse en el 55-75% de carbohidratos, 10-15% de proteínas y entre un 10-20% de grasas, no solamente gozaremos de una salud increíble sino también las facturas médicas serán historia del pasado.

 

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