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Nuestros ritmos naturales

Hemos venido comentando en los post anteriores la importancia de una buena alimentación, hidratación y evacuación. Pero una de las cosas que no se mencionan, o mejor dicho, muy pocos profesionales de la salud conocen o vagamente le dan importancia, es el respetar nuestros ritmos naturales para comer, hacer ejercicio, descansar, etc. Los seres humanos son diurnos, es decir, funcionan de día, con el sol. Siendo esto algo tan evidente, precisamente es una clave sumamente importante para la salud.

Con el amanecer, comienza la puesta en marcha del cuerpo y la mente. A mediodía, el sol está en su punto más alto y más caliente, normalmente es cuando más hambre tenemos. Con la puesta de sol, todas las funciones biológicas y mentales comienzan el proceso de ralentizado para garantizar el descanso. Tal como va el día, funciona nuestro cuerpo. Podemos verlo en muchos animales, así como también en las plantas.

Como cualquier otra máquina, el cuerpo humano necesita una fase de arranque y preparación. Las primeras horas de la mañana son especialmente delicadas pues el cuerpo viene de un reposo que de ser fructífero, le ha permitido asimilar, desintoxicar y regenerar. Sin embargo, por nuestro estilo de vida actual, muchos desde temprano ya estamos exigiendo al cuerpo cosas que no son las que necesita a esas horas o estimulándolo para que dé de sí más de lo que en esos momentos puede dar.

Algunas personas al levantarse despiertan con mucho apetito, otras solo por costumbre o hábito comen en automático. ¿Alguna vez te has levantado sin hambre? ¿Encuentras difícil comer a primera hora de la mañana? ¿Te ves obligado a desayunar porque todos los “expertos” te dicen que es la comida más importante del día a pesar de que a tu cuerpo no le entra ni agua?

Escuchar al cuerpo es importante como venimos insistiendo. Si al levantarte ya tienes hambre come, pero siempre que puedas dale cosas ligeras para permitirle al cuerpo terminar de despertarse, ponerse en marcha y prepararse para las comidas más pesada que le darás luego, así como todas las tareas que realizamos durante el día. Cuando hay hambre por las mañanas, comer fruta es una de las mejores decisiones que podemos tomar.

La fruta bien madura es un alimento ligero y delicioso. Este permite al cuerpo seguir en su trabajo de “arranque” de manera más suave y lo deja prepararse para los demás procesos. Contribuye a una evacuación con mayor facilidad y además, si comemos la suficiente, nos permite mantenernos más satisfechos, con menos ansiedad, más claridad mental e hidratados durante el día.

Igualmente por las noches, no es recomendable comer e ir a la cama ya que el cuerpo “desconecta” del proceso de digestión pues es el momento del descanso. Esto hace que pasemos mala noche pues el cuerpo tiene doble trabajo, el digerir y desintoxicar. Además nos despertamos aún más letárgicos, sintiéndonos pesados y en ocasiones nauseabundos.

Comer 2-3 horas antes de ir a la cama es lo mejor, pero en ocasiones nuestro ritmo de vida no nos permite estas condiciones idóneas. Por ello, es mejor darle de la misma manera algo ligero de fácil digestión y que a su vez aplaque nuestra necesidad. Los vegetales y la fruta siempre serán la mejor opción si no cuentas con mucho tiempo para permitir una digestión previa al descanso. Esto te permitirán dormir de maravilla y al día siguiente sentirte mucho más renovado y con más energía.

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